Suzdal fue mi sueño de cristal desde los 14 años. ¿Puede pasar algo así? Parece que no está lejos, pero de alguna manera nunca se llega. No logras organizarte, no encuentras la compañía adecuada, no encajas este punto en el interminable ciclo de tareas.

¡Pero los sueños están para cumplirse! Y esta primavera, el viaje tan esperado se hizo realidad.

Por supuesto, no podía faltar Vladimir. La recorrí de punta a punta. Me impresionaron los frescos de Andréi Rubliov (siglo XV, nada menos) en la Catedral de la Asunción, la majestuosidad de la propia catedral y las vistas asombrosas de la ciudad. Para alguien como yo, que nació y vive en San Petersburgo, es inusual caminar por una ciudad y ver constantemente un panorama a tu alrededor. Vladimir es un gran mirador. ¡Inusual y hermoso!

Y de Suzdal me quedé con ganas de más. Es tan tranquila, con iglesias hermosas, pintadas como caramelos. Y todo es tan dulce y apacible. ¡No quería irme!

En resumen, un sueño da paso a otro: volveré 😉