







Fui con Anya a la clínica porque tenía mocos. Fuimos sin cita, de paso, porque le hicieron una ecografía. Es decir, fuimos al médico de guardia en el box de filtro. Ay, chicas, mejor no hubiéramos ido. Primero, nos regañaron desde la puerta: "¿Por qué vinieron? Aquí vienen enfermos y ustedes con un bebé", y luego la atención fue acorde. En un momento no aguanté y respondí a la grosería. Y después de que "expresé mis emociones", la doctora se volvió de seda. Resultado: vinimos por mocos y nos fuimos con un montón de recomendaciones para todo y de todo. Palabra de honor, después de estas visitas, cada vez miro más hacia la medicina privada. Porque desde que vinieron a la visita domiciliaria y nos dijeron "denle agüita" hasta esta visita, donde nos dijeron "aliméntenla por horas; tiene atopia, pónganse a dieta; la están sobrealimentando", dan ganas de sentarme yo misma en el sillón de pediatra para que los pobres padres de recién nacidos dejen de escuchar tonterías de médicos que no se basan en la medicina basada en evidencia.
Por ahora, guardo las tarjetas
#mama_recien_nacida
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