Cuéntame sobre tu triunfo espontáneo.

Hoy recordé una historia que me sucedió hace un par de años. Nada especial, pero quiero compartirla.

Una señora decidió humillarme en público o algo así. Ante una frase mía neutral sobre la casa en una conversación con otro interlocutor (no con ella), preguntó en voz alta: «Oh, ¿todavía la están construyendo? ¿Por qué tanto tiempo? Pensé que se mudarían pronto. ¡Tu marido debería darse prisa!».

Normalmente me quedo sin palabras ante la grosería y no respondo, pero ese día fue diferente. Sabiendo que la señora nunca se había casado y que llevaba años intentando encontrar a alguien, solté, sin saber cómo:

«Sí, el proceso es largo, tienes razón. ¿Y en cuánto tiempo lo hizo tu marido?».

Se hizo el silencio, alguien rió. Luego el silencio fue roto por el crujir de sus dientes.

Por cierto, todavía no me habla. Pero como dicen en mi tierra: «Siete años sin que la amapola dé fruto, no conocimos el hambre».

¿Han tenido algo similar, algo que no fuera propio de ustedes, que los haya sorprendido a ustedes mismos?