Aquí está el recap final de la última temporada de «The Boys», que ha estado con nosotros durante 7 años. No puedo decir que la última temporada haya sido genial o, por el contrario, un fracaso. Tardó mucho en arrancar, a menudo no pasaba mucho, a veces el ritmo se aceleraba de repente; en resumen, fue irregular.

Pero el final me gustó porque a) en su mayor parte rima con el primer episodio (el círculo se ha cerrado, por así decirlo) b) llevó a los personajes a una conclusión lógica de sus arcos personales.

En parte entiendo la ola de indignación en la red, porque según todo el material promocional y las expectativas del público, al final debería haber habido algo épico. Pero «The Boys» no es Marvel y nunca trató sobre lo épico. Por alguna razón, muchos lo olvidaron. Siempre fue un programa sobre sátira, sobre reflejar la realidad, sobre personajes simples y comprensibles (aunque con superpoderes), sobre burlas y humor escatológico, sobre cabezas que explotan y órganos reproductores como armas. En ese sentido, Kripke y compañía no cambiaron. No maduraron, no se volvieron más sombríos (¿a dónde más?), no escalaron.

Y si algo enseñó la serie, fue que hay que aceptar a las personas tal como son. Y esta serie también hay que aceptarla tal como es. O no verla. Cada quien decide.