En 1976, Sylvester Stallone era un actor pobre. Solo $106 en el bolsillo, una esposa embarazada y un guion sobre un boxeador perdedor que escribió en 3 días. Los estudios ofrecían $360,000 (mucho dinero en ese entonces), pero con la condición de que él no interpretara el papel principal.
Stallone se negó. Asumió el riesgo y vendió el guion más barato, con la condición de que él mismo interpretara a Rocky. La película fue un éxito, generó miles de millones, Óscares y fama.
🧩 El actor no consideró un pequeño detalle.
En la euforia del éxito, por inexperiencia, firmó un contrato estándar donde no prestó atención a la cláusula de Propiedad Intelectual. Pensó que siempre recibiría una parte justa.
Pero legalmente vendió todos los derechos de los personajes y el universo al productor Irwin Winkler.
47 años después, la franquicia «Rocky» y «Creed» ha generado miles de millones de dólares. Stallone recibió honorarios como actor y guionista, pero no como propietario de su creación.
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