Si al leer el titular pensaste que el autor está loco y que todos los géneros cinematográficos ya se inventaron hace tiempo, definitivamente no has visto «Pequeña Shiva» (en original Shiva Baby; en nuestra localización oficial el título se transformó, por alguna razón, en el extraño «¡Shalom, papito!»). Emma Seligman ha creado la comedia de suspense más auténtica. Es esa clase de obra en la que la ansiedad no cesa ni un minuto, se siente en pantalla una tensión genuina, no fingida, y al mismo tiempo te partes de risa. Sí, exactamente esos ingredientes, aparentemente incompatibles, los mezcló en un cóctel explosivo, regalándonos una de las películas más singulares del año.

Un arranque que Woody Allen envidiaría

Una joven llamada Danielle (Rachel Sennott) se ve obligada a asistir a una Shivá, el rito judío de luto tras un funeral. Para colmo, no solo no sabe quién ha muerto, sino que además se encuentra allí con su amada (Molly Gordon), con quien mantiene una relación complicada, y con otros conocidos inesperados.

Desde el principio, «Pequeña Shiva» se convierte en una interminable sucesión de situaciones cómicas en torno a las tradiciones judías, las diferencias generacionales (un fenómeno universal, conocido en Occidente como generation gap) y los secretos de Dani, en los que está metida hasta el cuello. Y hasta el final sigue siendo un misterio si logrará salir de la situación en la que tan profundamente se ha metido.

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El absurdo llevado al extremo

Seguramente todos conocemos esas reuniones familiares en las que los parientes mayores te acosan con preguntas, te dan consejos, te enseñan sobre la vida e intentan imponerte su visión del mundo. Esto se parodia con gran ironía en «Pequeña Shiva». Al principio, los chistes al respecto pueden parecer un poco superficiales y apenas arrancar una sonrisa, pero a medida que avanza la trama se vuelven cada vez más absurdos, disparatados y divertidos.

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Si antes en el cine hablábamos de «thriller hermético» o «misterio hermético», «Pequeña Shiva» es una «comedia hermética». El espectador, junto con la protagonista, se convierte casi en rehén de un pequeño hormiguero del que es imposible escapar por voluntad propia, por lo que no le queda más que reírse una y otra vez y asombrarse de lo absurdo e imprevisible de las situaciones. Y aunque el refrán «Entre la risa y el pecado» tenga raíces rusas y no judías, describe lo que ocurre de la manera más acertada.

¿Vale la pena ver «Pequeña Shiva»?

El único problema importante de la película es que si no captas la ironía y el ingenio con que la autora (Seligma es tanto directora como guionista) cuenta la historia, puede parecerte extraña, confusa e incluso aburrida. Pero si aceptas las reglas del juego, no solo puedes reconocerte en Danielle, sino también experimentar junto a ella todo un abanico de emociones muy distintas.

Tráiler: