
Seguimos rindiendo homenaje a películas injustamente ignoradas por el público. Esta vez, los thrillers de los 90.
En comparación con las películas de terror, los thrillers se centran no en escenas sangrientas, sino en una atmósfera opresiva y una tensión creciente, lo que, junto con los misterios y giros inesperados en la trama, proporciona emociones intensas durante la visualización. En la década de 1990 se estrenaron muchas obras de este estilo, y algunas de ellas no recibieron la atención que merecían.
Mala influencia (Bad Influence, 1990)
Curtis Hanson, además de los exitosos «La mano que mece la cuna» y «Río salvaje», se destacó en esa década con otra muestra brillante del género, que narra la historia de un oficinista de voluntad débil (James Spader) que, para su desgracia, se hace amigo de un psicópata (Rob Lowe).
Morir de nuevo (Dead Again, 1991)
Siendo también director, Kenneth Branagh interpretó a un detective que ayuda a una clienta con pérdida de memoria (en ese entonces esposa del actor Emma Thompson), quien afirma que él estuvo vinculado a ella en una vida pasada, por lo que ahora corren peligro.
Entrada ilegal (Unlawful Entry, 1992)
Un policía que inicialmente inspira confianza (Ray Liotta), al conocer a una pareja por deberes del servicio, muestra un cuidado excesivo hacia ellos, y el esposo (Kurt Russell) se ve obligado a tomar medidas extremas para salvar a su esposa (Madeleine Stowe).
Invasores de cuerpos (Body Snatchers, 1993)
La tercera adaptación cinematográfica de la novela de ciencia ficción de Jack Finney (las anteriores, estrenadas en 1956 y 1978, son consideradas clásicos) es el proyecto más atípico y accesible del maestro del drama criminal Abel Ferrara.
Parpadeo (Blink, 1994)
En otra película con Madeleine Stowe, ella interpreta a una chica ciega que, poco después de una operación para restaurar parcialmente la visión, se encuentra con un maníaco y lo recuerda, lo que decide aprovechar el investigador que la protege (Aidan Quinn).
La última cena (The Last Supper, 1995)
Una comedia «negra» sobre un grupo de jóvenes que invitan a desconocidos a su casa, mantienen conversaciones sobre diversos temas y envenenan a todos los que no están de acuerdo con sus opiniones, hasta que se topan con un oponente digno.
Tesis (Tesis, 1996)
Entre los europeos, quizás los españoles son los que mejor manejan el género, como lo demuestra la algo olvidada ópera prima de Alejandro Amenábar, que analiza por qué el público se siente tan atraído por la violencia en la pantalla y qué se puede y qué no se debe mostrar.
Montaña rusa (Switchback, 1997)
En tramas paralelas, un agente especial (Dennis Quaid) persigue al asesino que secuestró a su hijo, mientras un joven (Jared Leto) viaja por pintorescas zonas rurales con un amable vagabundo (Danny Glover).
Vampiros (Vampires, 1998)
En la obra tardía de John Carpenter, claramente inferior a su período de los 70 y 80, destaca este horror sobre un escuadrón de cazadores de demonios que persiguen al «príncipe de las tinieblas», realizado en el característico estilo «barato» pero elegante del creador.
Ecos del pasado (Stir Of Echoes, 1999)
Basada en la novela de Richard Matheson, esta película sobre un hombre que ve fantasmas quedó ensombrecida por el estreno simultáneo de «El sexto sentido», pero atrapa gracias al siempre carismático y convincente Kevin Bacon.
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