
En los años 90 se estrenaron muchas películas criminales geniales, pero no todas fueron apreciadas como merecían. Rindamos homenaje a estas obras olvidadas.
Por lo general, en comparación con las películas de acción, las películas sobre crimen organizado o delincuencia callejera se basan en hechos reales y prestan atención tanto a las escenas sangrientas como al desarrollo de personajes que combinan una inclinación por la violencia con rasgos nobles. Este tipo de obras siempre despiertan el interés del espectador y en los años 90 se estrenaron muchas que merecen ser vistas, pero que quedaron a la sombra de los mejores representantes del género.
Asuntos internos (Internal Affairs, 1990)
En este thriller con elementos eróticos, Richard Gere se transforma de manera convincente en un policía corrupto que se esconde tras la máscara del «chico bueno» (el arquetipo habitual del actor) y se enfrenta a un colega (Andy García) que intenta sacarlo a la luz.
Éxtasis (Rush, 1991)
Este drama sobre dos compañeros (Jason Patric y Jennifer Jason Leigh) que se vuelven adictos a las drogas durante una operación encubierta se diferencia de otras obras con la trama estándar de agentes infiltrados en la mafia que se ven obligados a elegir entre la amistad y el deber.
Juice (Juice, 1992)
En este clásico hoy algo olvidado sobre la dura vida de los habitantes del gueto, estrenado durante el auge de esta temática, Omar Epps y Tupac Shakur interpretaron sus primeros papeles en sus carreras. Shakur crea una vívida imagen de un adolescente obsesionado con el deseo de convertirse en gánster y dispuesto a cualquier cosa.
Al oeste de la roca roja (Red Rock West, 1993)
La segunda parte de la trilogía «neonoir» de John Dahl (que incluye las igualmente notables «Mátame de nuevo» y «La última seducción») es un «tesoro por descubrir» (como escribió un crítico de cine) y una de las raras películas en las que Nicolas Cage no sobreactúa.
Nadar con tiburones (Swimming With Sharks, 1994)
Un joven (Frank Whaley) que consigue trabajo como asistente de un exitoso y cínico productor de cine (Kevin Spacey) toma a su jefe como rehén y planea vengarse de las humillaciones sufridas. La complicada historia de su relación se muestra a través de flashbacks.
El diablo viste de azul (Devil In A Blue Dress, 1995)
A pesar de su ritmo pausado (algo inherente al género), la narración sobre un detective que en los años 40 investiga la desaparición de una mujer fatal atrapa por su elegante estética retro y las actuaciones de Denzel Washington, Jennifer Beals y un memorable Don Cheadle, a pesar de su breve tiempo en pantalla.
Bottle Rocket (Bottle Rocket, 1996)
En su ópera prima, Wes Anderson, aunque ya muestra algunos de sus recursos característicos, aún no se deleita con lo visual en detrimento del contenido. Gracias a esto, los protagonistas, unos ladrones no muy afortunados ni astutos (Owen y Luke Wilson), resultan ser personas reales y no una caricatura.
Giro inesperado (U Turn, 1997)
Conocido como un director serio, Oliver Stone rodó una parábola farsesca sobre un vagabundo (Sean Penn) que se queda atrapado en un pueblo abandonado habitado por dementes (Jennifer Lopez, Nick Nolte, Joaquin Phoenix y unos irreconocibles Jon Voight y Billy Bob Thornton bajo el maquillaje).
Cosas muy malas (Very Bad Things, 1998)
La película de Peter Berg sobre unos amigos que deciden no contarle a nadie sobre un accidente ocurrido en una fiesta la víspera de la boda de uno de ellos está llena de humor negro y a veces cruel, y cuenta con un elenco estelar (Jon Favreau, Christian Slater, Cameron Diaz y otros).
Dos manos (Two Hands, 1999)
Esta tragicomedia australiana sobre un joven (Heath Ledger) que planea robar un banco para pagar a unos gánsteres y salvar a su chica (Rose Byrne), como la mayoría de las películas de esa época, está inspirada en la estética de Tarantino, pero posee un toque peculiar propio.
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