
La serie «Líneas Blancas» (White Lines) es una historia de amor, búsqueda y relaciones que se desarrolla bajo el brillante sol español, la música alta y la diversión desenfrenada de Ibiza.
Una de las novedades más destacadas de mayo en Netflix fue la serie «Líneas Blancas» (White Lines), una coproducción entre Reino Unido y España. Como creador principal del proyecto figura el conocido Álex Pina, quien nos ha regalado «La casa de papel», «Tres metros sobre el cielo» y otras icónicas creaciones españolas de los últimos años.
El show «Líneas Blancas» rápidamente escaló a los primeros puestos tanto en la comunidad rusa como en la internacional de Netflix. ¿A qué se debe este éxito y vale la pena invertir tu tiempo en ver esta novedad? Descubre las respuestas en nuestra reseña.
Hielo y fuego
Los creadores de White Lines enfrentaron dos mundos dispares: el británico, con su frialdad, oscuridad y sensatez, y el español, que bulle de color y literalmente respira vida. Para ello, decidieron enviar a los personajes desde el brumoso Mánchester a la soleada isla de Ibiza.
En la trama, Zoe (Laura Haddock), quien perdió a su amado hermano hace unos 20 años, viaja a España después de que el cuerpo de su familiar fuera encontrado en Ibiza. Aparecen las primeras pistas de un misterioso caso sin resolver que la chica decide esclarecer por su cuenta.
En Ibiza, Zoe se encuentra con viejos conocidos en la figura de los amigos de su hermano Axel (Tom Rhys Harries) y nuevas personas capaces de poner su tranquila vida inglesa patas arriba.
Multigénero
Una de las delicias de la serie es que los autores logran equilibrarse hábilmente y sin vulgaridades en la frontera de varios géneros a la vez.
«Líneas Blancas» no es un mal thriller de misterio, ya que logra mantener la intriga hasta el final (quizás resuelvas el caso antes que Zoe, pero difícilmente anticiparás los motivos del crimen). La serie también funciona como un drama familiar. Aquí se exploran maravillosamente las relaciones entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre cónyuges.
También hay en la serie de Netflix líneas románticas bastante decentes, bien filmadas e interpretadas. Sí, en ocasiones la exuberancia amorosa española eclipsa el sentido común, pero esto no perjudica demasiado la impresión general de lo visto.
Si se quiere, «Líneas Blancas» también puede describirse como una historia sobre la liberación y el descubrimiento de los límites de la sexualidad. Hay aquí una serie de escenas muy eróticas y explícitas (como la orgía en el episodio debut), y las conversaciones moderadamente interesantes sobre sexo ocupan una parte considerable del metraje total.
Personajes vibrantes
Quizás el mayor acierto de la serie hispano-inglesa sean sus personajes. Resultaron pintorescos y vivos. La protagonista Zoe es una chica de mediana edad desconcertada, que sufre por los fantasmas del pasado, en particular la pérdida de su amado hermano y los problemas con su padre, y que no experimenta una felicidad especial en su vida familiar.
Axel, cuya muerte sirve como detonante del desarrollo de la trama, no actúa aquí como una simple función del guion, sino que es un personaje autosuficiente y vibrante, quizás el más memorable. Siempre desea vivir al límite de sus posibilidades, hacer lo que nadie ha hecho antes y poner toda su alma en lo que ama. Por eso era tan adorado en Ibiza, donde era una auténtica estrella de la música dance y objeto de adoración y odio de diversas personas, desde amigos cercanos hasta figuras influyentes de la isla. God is a DJ — eso es exactamente Axel.
Los personajes secundarios reciben su parte de atención, por lo que cada uno de los presentes en la historia aporta su granito de arena a la narrativa general:
- Boxer (Nuno Lopes) — un pintoresco portero de discoteca y, a su vez, guardaespaldas de una de las personas más importantes de la isla, que en algún momento se convierte en un auténtico romántico caballero andante, siempre dispuesto a ayudar a una damisela en apuros;
- Marcus (Daniel Mays) — un DJ y traficante de drogas desafortunado, cuyos mejores días quedaron atrás con la muerte de su mejor amigo Axel y la partida de su esposa Anna (Angela Griffin). Se las arregla para meterse en diversas situaciones y salir de ellas de alguna manera increíble;
- David (Laurence Fox) — uno de los amigos de Axel que, tras muchos años de vida despreocupada con drogas y relaciones sexuales promiscuas, encuentra su lugar en la vida espiritual;
- Oriol (Juan Diego Botto) — un chico que sufre de complejo de Edipo, que intenta salir de la sombra de su padre y lograr el reconocimiento universal.
Esta lista podría continuar, ya que los autores, y por ello les damos honor y alabanza, prestaron la debida atención a todos sus personajes, no solo a los principales.
¿Acaso todo es tan bueno?
Por desgracia, no. A pesar de todos los elogios, merecidamente expresados anteriormente, la serie «Líneas Blancas» no está exenta de problemas evidentes. Los guionistas, obviamente, en algún momento confiaron demasiado en sus propias capacidades, lo que provoca que aparezcan en la historia tramas secundarias torpes y poco interesantes que solo distraen de lo principal. A veces esto deriva en escenas francamente absurdas, como un perro drogado ahogándose en una piscina, o traficantes de drogas bailando en un yate al ritmo de una canción prehistórica del grupo O-zone.
Algunos giros del guion parecen ingenuos, otros no demasiado convincentes. En resumen, hay suficientes asperezas en la trama.
¿Vale la pena ver «Líneas Blancas»?
La respuesta a esta pregunta será positiva si quieres sumergirte en la despreocupada y soleada vida de Ibiza, donde reina la libertad, la excentricidad no se considera algo vergonzoso y el sexo casual se alaba como una apertura a algo nuevo. Te gustará esta serie si amas las historias fascinantes e inteligentes sobre relaciones entre personas de diferentes mundos, crees en los romances vacacionales y en la posibilidad de resolver crímenes antiguos.
Si, por el contrario, no soportas los fallos del guion, la narración desigual con frecuentes incursiones en el terreno del sentimentalismo excesivo, entonces quizás este proyecto no sea para ti.
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