
Las películas de desastres estadounidenses me enseñaron a hacer preguntas incómodas. La principal: ¿qué pasará cuando no sea un decorado lo que se derrumbe, sino la realidad? ¿Cuando el terremoto no ocurra en la pantalla, sino donde viven tus seres queridos?
Desarrollé reglas. Un plan de acción. No por miedo, sino por respeto al caos. Porque el pánico es un lujo que no pueden permitirse quienes son responsables de otros. Claridad en los pensamientos, coherencia en las acciones: eso es lo que separa la supervivencia de la tragedia.
Hoy hubo terremotos en varios países. Pero el más destructivo fue en Venezuela. Ironía del destino: allí donde ya es difícil, la naturaleza asestó el golpe más devastador.
Al ver estas imágenes, comprendes la fragilidad de todo lo que consideramos inquebrantable. Hormigón, vidrio, ambiciones: todo se convierte en polvo en cuestión de segundos. Solo quedan las personas. Y la disposición a actuar.
No confíes en la suerte. Ten un plan. Porque cuando la tierra se mueve bajo tus pies, no queda tiempo para pensar.
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