Al finalizar la segunda temporada de "Vuelo secuestrado" escribiré más sobre ella, pero por ahora quiero decir que la idea, que inicialmente parecía una locura (vamos, es puro estilo Steven Seagal), resultó ser funcional.

El personaje de Idris Elba cambia el avión por el tren del metro, ¡y el papel de salvador por el de secuestrador! Está claro que nadie creerá esto último, pero han enredado bien la intriga, y al británico le sobra carisma incluso para un papel temporal de antihéroe.

Lo que es aún más interesante es que los creadores han logrado nuevamente ese nivel de tensión en el que, al terminar un episodio, la mano se estira para poner el siguiente. Como en la primera temporada, hay problemas evidentes: un segundo plano aburrido, cierto grado de previsibilidad, una "seguridad" excesiva en la narrativa, pero subjetivamente parece que aquí todo funciona un poco mejor que antes. Espero nuevos episodios, y por qué no, temporadas.