
Antón, he visto «El valle de las sonrisas», te informo:
La historia recuerda a un rocódromo, Paolo Strippoli ha esparcido un generoso puñado de problemas a los que agarrarse. Aquí la fe adopta la forma de un culto ritual, y hay tantas jaulas, reales y metafóricas, que darían para todo un zoológico.
Sinopsis: Sergio, profesor de educación física, se muda al pueblo de Remis, donde los habitantes son sospechosamente plácidos. La dueña del hotel, Michela, revela el secreto: el adolescente local Matteo es un médium que, a través de abrazos, absorbe el dolor de la gente y los conecta con los muertos.
Por supuesto, el conjunto de problemas resulta ser más amplio que la obsesión masiva por un chico adolescente. Parece que la cuestión más global es la necesidad de un optimismo falso, que es adoptado por toda la sociedad (léase como una metáfora de las redes sociales).
La purificación solo ocurre a través de la vivencia, esa es la idea clave de la película.
«El valle de las sonrisas» está repleta de detalles como el sonido de las campanas, que al final de la película genera un reflejo en el espectador: el personaje ha comprendido algo, hay que quedarse quieto en tensión. Los ritos de paso, la ritualidad de los eventos son diseccionados minuciosamente por Strippoli, y el espectador obtiene un corte bastante colorido de la visión del mundo.
«Los terroríficos son el nuevo rock and roll», dijo mi hermano mayor. Por mi parte, añadiré que ahora se están convirtiendo en nuevos marcadores sociales, alejándose cada vez más de los slashers en el apartado de género.
El terror místico estará en cartelera a partir del 9 de julio gracias a World Pictures!
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