
Feliz cumpleaños, mi hermosa niña.
Mirándote, entiendo: el tiempo no es un enemigo. Es un regalo. Cada año es un nuevo capítulo, una nueva faceta, un nuevo descubrimiento. Y en este capítulo, eres encantadora. Con gafas que te hacen parecer una joven sabia, con una sonrisa que ilumina todo a tu alrededor, con un pastel decorado con un unicornio y corazones.
El unicornio es una criatura mítica, símbolo de pureza y magia. Y sabes, hay una profunda ironía en esto: les decimos a los niños que los unicornios no existen. Pero, ¿mirándote a ti, se puede dudar de que los milagros sean reales? Eres la prueba viviente de que la magia no es una invención. Está en tus ojos, en tu risa, en la forma en que sostienes este pastel, brillando más que cualquier vela.
Te haces mayor. Más inteligente. Más hermosa. Y observo con reverencia cómo de una niña pequeña florece una personalidad: brillante, inteligente, única.
Que este año te traiga nuevos descubrimientos. Que los corazones en el pastel se conviertan en un símbolo de cuánto amor te rodea. Y que el unicornio te recuerde: la magia está donde tú estás.
Feliz cumpleaños, mi encantadora. Eres la mejor prueba de que los milagros suceden.
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