El Tribunal de Arbitraje de Nizhni Nóvgorod recuperó 3 millones de euros de la empresa alemana Schottel por equipos navales no entregados. La disputa se convirtió en un ejemplo representativo de cómo los tribunales interpretan las sanciones económicas en el contexto de las obligaciones comerciales.
El astillero Okskaya celebró contratos con Schottel para el suministro de columnas de propulsión y equipos relacionados ya en 2021-2022. La empresa alemana recibió un pago por adelantado, pero no cumplió con sus obligaciones. Ante las reclamaciones de reembolso tras la rescisión del contrato, el demandado alegó que el retraso se debía a "circunstancias de fuerza mayor" — las sanciones impuestas contra Rusia.
Sin embargo, el tribunal rechazó este argumento. Las restricciones económicas, según el tribunal, son un elemento del riesgo empresarial y no eximen del cumplimiento de las obligaciones contractuales. La fuerza mayor presupone la imposibilidad de ejecutar el contrato debido a circunstancias objetivas, y las sanciones en sí mismas no entran en esta lista.
Anteriormente, el astillero intentó embargar los activos de Schottel en Rusia, pero esta solicitud no fue concedida. No obstante, la recuperación del monto del contrato fue un resultado importante para la empresa rusa. La decisión subraya la necesidad de tener en cuenta los riesgos de sanciones al celebrar contratos internacionales y prever mecanismos de protección claros en ellos.
Este caso recuerda a las empresas: la fuerza mayor no es una excusa universal. Las empresas que operan en condiciones de sanciones deben incluir de antemano condiciones flexibles en los contratos para minimizar los riesgos y evitar disputas.
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