Ya mencioné la película Fantasma en una jaula y prometí contar un poco más por qué vale la pena verla.⠀⠀⠀
La película «Fantasma en una jaula» es esa rara obra que es difícil de describir en una frase, porque cambia constantemente de máscaras. Todo comienza como un sombrío drama carcelario con elementos de investigación periodística, pero media hora después se convierte en un horror absurdo donde la principal amenaza no son los guardias ni los compañeros de celda, sino una entidad que mata a la persona más malvada en un radio de acción. Y la gran ironía es que la única forma de sobrevivir es alegrarse sinceramente, sonreír y cantar, es decir, hacer exactamente lo que en un entorno carcelario parece lo más antinatural. Este concepto funciona como una mirada fresca al género, aunque en ocasiones su realización recuerda a un experimento torpe más que a un guion pulido.⠀⠀⠀
La actuación en general cumple con las tareas planteadas, aunque los personajes secundarios a menudo se fusionan en una masa, y su muerte o salvación no provocan una respuesta especial. Es mucho más interesante observar cómo la película se equilibra entre convenciones: las escenas de violencia están planteadas de tal manera que es difícil llamarlas realistas, más bien hiperbólicas, casi cómicas en su exceso. Y este contraste con los episodios de baile produce un efecto extraño: no terminas de entender si debes reír o empatizar con los personajes. Y en esto, probablemente, reside la principal fortaleza de la película: no te permite elegir un tono, dejándote en suspenso hasta el final.⠀⠀⠀
Entre los puntos negativos se puede mencionar la extensión de la segunda mitad: cuando se explica el mecanismo principal del fantasma, la película comienza a estancarse, añadiendo tramas que no siempre se desarrollan. Algunos diálogos suenan demasiado aleccionadores, como si los autores temieran que el espectador no entendiera el subtexto y lo verbalizaran. El final, a pesar de su sorpresa, también provoca sentimientos encontrados: es interesante, pero se presenta demasiado apresuradamente, como si los creadores se hubieran cansado de su propio material.⠀⠀⠀
Sin embargo, la impresión general sigue siendo positiva precisamente por la valentía del enfoque. No es una película que vayas a volver a ver, pero sin duda se recuerda por su extraña lógica y su giro final. Vale la pena verla para quienes están cansados de los predecibles filmes de terror y están dispuestos a aceptar un cine con sus irregularidades y decisiones poco obvias. Y si además te gusta el cine indonesio con su energía característica, la película puede incluso resultar una agradable sorpresa.

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