Durante todo el día me llegó un agradable spam de felicitaciones desde todos los rincones de la patria y del camino de la vida. Gracias, hermanos, hermanas, amigos, camaradas y colegas por estos raros pero cálidos contactos.
No haré balances. Quejarse es un pecado. El año fue objetivamente bueno, aunque con algunos altibajos. Y en general, a esta edad, si no te ha dado una trombosis, un derrame cerebral, un infarto o demencia, ya es bueno. Y si la rodilla no te duele cuando el clima está húmedo, entonces puedes organizar un festín.
Pero no solo no me morí, sino que además me convertí (Dios me perdone) en un vibecoder. Y todo el año pensé que mis familiares me regalarían sobres con dinero y que, emocionado, compraría la suscripción máxima a Claude y haría un montón de cosas... pero con mi método recién inventado resultó que no necesito para nada suscripciones máximas. Con lo que hay, es suficiente.
Habría seguido sentado como un tonto, sin saber qué hacer, pero la ayuda llegó de donde menos se esperaba. El regulador finalmente ganó, y los servidores de Kin@#%ab dejaron de funcionar en los televisores de toda la familia. Y Kin#%ab es un cine en línea que no tiene ni tendrá análogos. Así que tendré que invertir todos los activos de los sobres en un router Kinetyk y aprender a cifrar, tunelizar y proxyar el tráfico yo mismo.
Cuando hace 5 años la vida me llevó al mundo de la tecnología y yo pensaba que también quería entender y saber hacer todo como los verdaderos ingenieros, ni siquiera podía imaginar que el universo lo escucharía y lo organizaría todo. Pero mira tú por dónde...
Así que, amigos, ¡no hay tiempo para desanimarse! ¡Es hora de dominar nuevas profesiones!
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