

Nueva ración de impresiones teatrales. 🥂 Fuimos al teatro en Vasilievsky a ver «La larga cena de Navidad» de T. Wilder — y esta vez ocurrió eso: esa sensación de placer y completa satisfacción por lo visto, oído, sentido. Una obra nada vulgar, a la vez ligera y profunda sobre la vida. Hay de qué reflexionar, en momentos se puede llorar, y en algunas escenas reír a carcajadas (los aros de gimnasia se explotan aquí como un arte aparte 😂). La obra es multifacética — como la vida misma. Los actores viven (exactamente así) sus papeles.
El tiempo nos arrastra implacablemente en el carro de la vida. Las épocas y generaciones cambian. Los niños de ayer se convierten imperceptiblemente en los ancianos de hoy. Y en este torbellino es importante alcanzar a comprender verdades simples — la juventud es hermosa y después nunca será. Hay que hacer todo lo importante ahora.
¿Banal? Quizás. ¿Pero muchos entienden esta verdad banal y la siguen?
Para mí, esta obra no es una historia de degeneración familiar (aunque eso es, sin duda, el leitmotiv de la obra — saludos a «Los señores Golovliov» de Saltykov-Shchedrin), sino una historia sobre actos imprudentes, oportunidades perdidas y sobre lo importante que es no dejar escapar ningún instante de la vida!
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