Ya hablé sobre Janucá anteriormente, ahora es el turno de Purim.

Es otra festividad importante, donde también hay que comer mucho y bien, y beber vino.
Y eso lo celebramos.
Además, hay que beber mucho, al menos para divertirse, o mejor, para "no poder distinguir entre las frases: 'maldito sea Amán' y 'bendito sea Mardoqueo'".
Una versión más ligera: "para no distinguir al enemigo del amigo".

Amán es un villano que planeó destruir a los judíos en la antigua Persia toda coincidencia e intento de venganza es casual, pero todo salió bien, Amán fue ejecutado, y ahora en Purim se hornean las tradicionales galletas triangulares con relleno, que simbolizan sus orejas.

Yo no pude decidir dónde comprar las orejas, así que compré tanto en Rishón, en el museo judío, como en uno de los Dizengoff; en Rishón parecían hechas en casa, muy caseras y un poco austeras, mientras que en Dizengoff se nota el deseo de complacer a un público más moderno, todo colorido y con rellenos de moda (también ricos).

Todo acompañado de A. Bergere Les Peignottes, un champán que dan ganas de comer con cuchara, un deleite elevado a la quinta potencia 🍾