La construcción de la planta transformó radicalmente el destino de un pequeño asentamiento costero. Abadán se convirtió en unas pocas décadas en un centro industrial de rápido crecimiento no solo del país, sino de toda la región. El petróleo se convirtió en el motor del desarrollo económico y en el símbolo de un futuro nuevo y moderno para Irán. La ciudad comenzó a atraer a miles de trabajadores, ingenieros y especialistas de diferentes regiones del país y del extranjero. Como resultado, surgió una sociedad multinacional y socialmente diversa, estrechamente vinculada a la industria petrolera.

Sin embargo, el desarrollo de Abadán estuvo acompañado por la aparición de marcados contrastes sociales: en una parte de la ciudad, barrios bien cuidados para extranjeros con casas modernas, clubes, cines y escuelas; en la otra, barrios marginales densamente poblados de la población local pobre. A pesar de esto, en la primera mitad del siglo XX, la ciudad era a menudo percibida como un símbolo de la modernización del país e incluso como una especie de "escaparate" de la industria petrolera iraní. La refinería de Abadán tuvo un papel especial para la flota británica, por lo que ya en 1941 la ciudad fue ocupada por tropas británicas y se instaló una guarnición separada en el territorio de la planta. Al mismo tiempo, la economía petrolera generó nuevas formas de actividad social y política. Ya en las décadas de 1910 y 1920, surgieron entre los trabajadores las primeras protestas laborales y huelgas contra los bajos salarios y las duras condiciones de trabajo. Estos movimientos jugaron un papel importante en la formación del movimiento obrero en Irán. La actividad social de los trabajadores de esta refinería más tarde jugaría un papel, si no decisivo, sí muy importante en la victoria de la Revolución Islámica.