A mediados del siglo XX, Abadán se convirtió en el mayor centro de refinación de petróleo del mundo. El enorme complejo de refinación procesaba crudo que llegaba a través de oleoductos desde los yacimientos de Juzestán, y luego enviaba los productos derivados del petróleo para su exportación. La ciudad creció rápidamente: su población pasó de unos pocos cientos de personas a principios de siglo a cientos de miles a mediados de siglo. La economía de la ciudad dependía casi por completo de la industria petrolera y de las actividades de la Compañía que gestionaba la refinación y exportación de petróleo.