El fin de semana fui a Chisináu. No sabía casi nada de Moldavia y me la imaginaba como un típico país postsoviético, gris y pobre.

Todo empezó, la verdad, bastante interesante: de noche, en la entrada, los servicios especiales locales nos interrogaron largamente. Al final todo terminó bien y nos dejaron entrar al país.

Chisináu resultó ser una ciudad muy bonita. Muchos edificios antiguos de piedra caliza blanca, limpio, tranquilo, muchos buenos restaurantes y gente guapa.

Fuimos a la bodega Milestii Mici, cerca de Chisináu. Allí hay unos 55 kilómetros de túneles subterráneos, toda una ciudad subterránea de vino, por la que incluso se conduce en coche. En las bodegas se almacenan más de un millón de botellas, y es la colección de vinos más grande del mundo. Un lugar con mucho ambiente.

Fuimos al concierto del grupo Kino.

En el escenario tocan músicos, y canta la verdadera voz de Víktor Tsoi de grabaciones antiguas. Al principio suena un poco surrealista: un concierto en vivo, una sala llena de gente, y la persona que escribió todo esto ya no está desde hace más de treinta años.

Pero pasan un par de canciones y esa sensación desaparece. Cuando empieza «Grupo sanguíneo» o «Paquete de cigarrillos», la sala grita como si fuera el concierto más normal.