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Gosha Kutsenko y Mila Yershova en un dramedy inclusivo que ganó el Gran Premio de «Nueva Temporada» incluso antes de su estreno. «Ponerse de pie» es una serie de Okko sobre un exconvicto que, después de 20 años en prisión, descubre que tiene una hija...

En febrero de 2026, la plataforma de streaming Okko presentó un proyecto que, incluso antes del estreno, ya había ganado el Gran Premio del festival «Nueva Temporada» y el título de «Serie más esperada». «Ponerse de pie» es un dramedy inclusivo que rompe estereotipos sobre las personas con discapacidad y obliga al espectador a reconsiderar las ideas preconcebidas sobre la debilidad y la fuerza. No es una historia de lástima, sino de una segunda oportunidad que a veces no necesita quien está en silla de ruedas, sino aquel a quien le falló el corazón.

¿Quién es realmente el «especial» aquí?

En el centro de la historia está Andréi Starodúbov, apodado Stari (Gosha Kutsenko). Pasó veinte años en prisión por un crimen que no cometió: asumió la culpa para proteger a un amigo. En la cárcel todo es simple y claro. En libertad, a donde regresa al comienzo de la serie, no hay nada. Ni hogar, ni futuro, ni habilidades para vivir en un mundo que avanzó sin él.

Pero la vida le depara una sorpresa peor que cualquier condena. Stari descubre que tiene una hija adulta, Olya (Mila Yershova). La misma hija que durante veinte años creyó muerta en un accidente automovilístico junto con su esposa. Olya sobrevivió. Pero después de ese accidente quedó postrada en una silla de ruedas.

Fotograma de la serie «Ponerse de pie»
Fotograma de la serie «Ponerse de pie»

Parecería un comienzo clásico para un drama lacrimógeno: un padre desafortunado y una pobre niña enferma a la que debe salvar con su amor. Pero los creadores toman la decisión correcta y cambian la narrativa. Olya no es para nada indefensa. Es una chica atrevida, espinosa, de lengua afilada, que sabe perfectamente vivir en su cuerpo y en este mundo. Trabaja, hace planes, sueña con ganar un concurso de baile y mudarse a Moscú.

Y aquí ocurre el gran descubrimiento de la serie: el débil en esta pareja es el padre. Un hombre sano y fuerte que no sabe usar un teléfono inteligente, que no entiende las nuevas reglas de la vida. La rehabilitación y el apoyo no los necesita la chica en silla de ruedas, sino este enorme hombre perdido que intenta «ponerse de pie» en sentido literal y figurado.

Dos golpes poderosos al corazón

Gosha Kutsenko en el papel de Stari es una revelación. Estamos acostumbrados a verlo en otro registro, pero aquí actúa en voz baja, profunda, casi sin palabras. Su personaje mira el mundo con la mirada de alguien a quien le robaron veinte años de vida. Intenta ser útil, pero solo lo estropea todo. Como dice Olya, solo sabe «hacer el bien de manera torpe». Y en esa torpeza, en esa rigidez pétrea, hay tanto dolor y deseo sincero de ser necesario que el corazón se encoge desde el primer episodio.

Mila Yershova en el papel de Olya es la sinceridad misma. Ver su actuación y creerle no es difícil. La actriz no interpreta la discapacidad, interpreta a una persona. Una persona que está harta de la lástima, de las miradas torcidas, de los intentos de los demás de «salvarla». Olya puede ser incómoda, enojada, injusta. Tiene derecho a serlo. Y lo más valioso de este papel es la total ausencia de falsedad. Yershova se preparó mucho para moverse en pantalla de manera completamente natural, pero lo principal es que logró transmitir el carácter de una chica que no permite que las circunstancias la quiebren.

Su dúo es una lucha constante y una atracción. Aprenden a hablarse el uno al otro. Aprenden a confiar. Aprenden a ser una familia. Y observar este proceso es más interesante que cualquier intriga detectivesca.

Ponerse de pie Después de los créditos
Fotograma de la serie «Ponerse de pie»

Si el dúo de Kutsenko y Yershova es el corazón de la serie, los personajes que los rodean son el sistema circulatorio sin el cual la historia no sería un organismo vivo completo. Y cada uno está elegido con una precisión asombrosa.

Alexéi Rozin en el papel de Rajim, el antiguo cómplice de Stari, es un imán para la negatividad en los primeros episodios. Su personaje ha olvidado hace tiempo la amistad, nada en dinero y «códigos», pero dentro de él arde una cobardía que el actor muestra sin palabras innecesarias. Rozin no interpreta a un simple «autoridad» estereotipada, sino a un hombre que se ha convertido en rehén de sus propios pecados. Las escenas de encuentro entre Stari y Rajim son siempre un duelo: Kutsenko presiona con el peso de los años vividos, Rozin se defiende con un brillo falso. Aunque al final volverán a trabajar juntos y, como un reflejo de años pasados, volverán a ser uno.

Ponerse de pie Después de los créditos
Fotograma de la serie «Ponerse de pie»

Mención aparte merece Alexandr Oblásov (Kopilka). Este actor es un auténtico antidepresivo. Su personaje, un viejo amigo de Stari, taxista de gran corazón, aparece en los momentos más amargos y alivia el ambiente con su humor popular y su calidez sincera. Oblásov interpreta a un hombre que, a diferencia del protagonista, ha logrado conservar la vida y la capacidad de alegrarse por las pequeñas cosas. Se convierte para Stari en un guía hacia el nuevo mundo, aunque sea a través de conversaciones en un coche lleno de humo.

El sol de Piatigorsk y la oscuridad en el alma

Un personaje aparte de la serie es Piatigorsk. Los creadores no eligieron esta ciudad sureña al azar. Las calles soleadas, la arquitectura turística, el calor y la luz contrastan con el estado interior de los personajes. El mundo exterior es brillante, vivo, en movimiento. Pero dentro del apartamento donde se instalan Stari y Olya, al principio reina el frío del distanciamiento.

El trabajo de cámara merece palabras aparte. La cámara no intenta exprimir lágrimas con primeros planos de la chica desafortunada. Más bien espía a los personajes, captura su vida a grandes pinceladas. La estrechez del apartamento, donde dos personas completamente extrañas deben convivir, oprime al espectador casi físicamente.

La dirección de Pável Timoféyev mantiene un equilibrio sorprendente entre lo divertido y lo triste. No es una tragicomedia en estado puro, sino más bien una historia muy viva en la que hay lugar tanto para una sonrisa amarga como para un dolor real. El humor aquí salva de la desesperación, y las escenas dramáticas nunca caen en la histeria. Es una conversación de igual a igual con el espectador, sin intentos de manipular. De este proyecto emana calidez, a veces triste, pero aún así calidez con un toque de esperanza y apoyo.

También vale la pena prestar atención al sonido y la música de la serie. La banda sonora no es un conjunto de canciones de moda reunidas para llamar la atención, sino un universo sonoro cuidadosamente construido que está en sintonía con los personajes. Los creadores de la serie evitaron la tentación de presionar las lágrimas con sinfonías melodramáticas empalagosas. La música suena exactamente cuando es necesario dejar respirar al espectador o, por el contrario, cuando las palabras de los personajes ya no tienen fuerza, pero la letra de las canciones las compensa.

La banda sonora de «Ponerse de pie» es música sobre la esperanza. No esa esperanza ruidosa y de consigna que promete alegría y serenidad mañana, sino esa que arde en algún lugar profundo, a pesar de todo. Suena en los fotogramas finales, en las largas escenas de carretera, en los momentos en que los personajes se quedan a solas consigo mismos.

No lástima, sino igualdad

Pero lo principal por lo que podemos agradecer a los creadores de esta serie es la conversación sobre la discapacidad. Sin temblor en la voz, sin un empalagoso «ay, pobrecita». Los autores sostienen de manera consistente una idea simple e importante: la silla de ruedas, las gafas, las muletas no son la esencia de una persona. Son una circunstancia de la vida. Como el color de los ojos o cualquier hecho biográfico, por ejemplo, los antecedentes penales como los del protagonista.

Olya no exige un trato especial. No quiere ser «mona» ni «bonita». Quiere ser ella misma, diversa. Y ese es el mensaje principal de la serie: una persona con discapacidad tiene derecho a cualquier carácter. Puede ser enojada, brusca, incómoda. Y definitivamente no está obligada a servir como fuente de inspiración para personas sanas que, al mirarla, piensan: «Cómo lucha ella, y yo me quejo por tonterías».

Quiero mencionar especialmente la línea del personaje de Antón Sankévich. En la serie actúa un actor con síndrome de Down, y su personaje no es un decorado ni un motivo para la ternura. Trabaja, se comunica, tiene su propia vida y sus propios pensamientos. A su personaje los autores le confiaron una frase importante: que Stari, en esencia, también es «especial», solo que la sociedad lo estigmatiza no por un diagnóstico, sino por su pasado carcelario. Este paralelismo entre la estigmatización de un exconvicto y una persona con discapacidad está trazado de manera sutil pero muy precisa. Y cómo en el final su oración llega al alma. Solo por esto valió la pena crear esta serie.

Ponerse de pie Después de los créditos
Fotograma de la serie «Ponerse de pie»

En la serie, nadie salva a nadie en el sentido habitual. Stari no se convierte en un superhéroe que supera dificultades por su hija. Olya no se transforma en un ángel de carne y hueso. Cada personaje encuentra y adquiere algo nuevo y necesario para sí mismo. Porque cada uno de ellos estaba herido, pero en la unión encuentran la paz. Simplemente aprenden a vivir juntos. Y en esa cotidianidad, en esos pequeños pasos diarios hacia el otro, nace lo auténtico. Ese calor que cura mejor que cualquier medicina.

«Ponerse de pie» es una serie terapia. Trata sobre que a veces la persona más fuerte es la que exteriormente parece débil. Sobre que la ayuda a menudo llega de donde no se espera. Y sobre que uno puede ponerse de pie sin levantarse de la silla de ruedas. Lo principal es que al lado haya alguien por quien valga la pena hacerlo.