








Corporalidad extrema en «La felicidad» (1965).
Agnès Varda (sí, ¡mi directora favorita, y qué!) aborda la formación de la vida cotidiana de los personajes con extremo cuidado. Utiliza tres colores principales (azul-rojo-amarillo), los agita y los derrama sobre la imagen, que por su expresividad cromática recuerda a lienzos vanguardistas. No en vano, en uno de los sellos aparece Chagall, aunque aquí el énfasis está más en la trama.
Además, construir un nuevo «nido familiar» desde paredes blancas es extremadamente simbólico. Da la sensación de que la directora sitúa a la mujer al frente del hogar, sin importar demasiado si es de la familia o no.
Se siente que solo una directora feminista francesa podría describir el mundo con una precisión y romanticismo tan asombrosos.
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