
En una de cada tres presentaciones de startups, la patente aparece como una diapositiva separada. Y desde el punto de vista del fundador, sin duda añade valor al producto y aumenta el atractivo de inversión, además de exigir asentimientos respetuosos de las grandes mentes en la mesa de expertos.
Pero no es así, una patente no aporta valor a una startup en etapas tempranas. La patente tiene solo dos roles: se la muestras a tu mamá y a tu abuela, y ellas te elogian, y tus amigos le dan like en las historias; la haces con la esperanza de proteger tu tecnología de la copia. Es decir, es una protección, un obstáculo que construyes para los competidores, pero no es un valor. Porque incluso para los inversores, a quienes en teoría les importa que la inversión esté protegida, es mucho más importante que sea rentable. Si aún no tienes ventas pero tienes 6 patentes, para un inversor esto puede ser una bandera roja: estás gastando dinero en proteger algo que aún nadie necesita.
Creedme, sé de lo que hablo: yo mismo tengo una serie de certificados de registro de software, bases de datos y algoritmos sin ventas)
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