El gobierno estadounidense, por su parte, también estaba interesado en estandarizar la medida de suministro de petróleo. Hacia el final de la Guerra Civil estadounidense, el gobierno federal necesitaba dinero para las necesidades militares, por lo que decidió imponer un impuesto a cada barril cargado de petróleo. El impuesto estaba vinculado al tamaño: 1 dólar por cada barril de hasta 45 galones de capacidad, y 2 dólares por cualquier barril de mayor capacidad.