La industria química se basa en un principio simple: máximo valor añadido a partir de materias primas disponibles y baratas. En esta intersección se construyen negocios exitosos.

Mi camino en el negocio químico comenzó con materiales basados en péptidos de seda y la industria de materiales regenerativos. Es un área única, pero, como muchas áreas médicas, es conservadora y requiere una larga salida al mercado.

Ahora, trabajando en SIBUR con polímeros sintéticos, veo otro potencial. Surgió la hipótesis de la sinergia entre lo sintético y lo biológico.


¿Qué pasaría si combinamos un 50% de polímeros sintéticos y un 50% de polímeros biodegradables?

Este híbrido podría abrir puertas a mercados más masivos y dinámicos, donde ya existe una demanda de soluciones sostenibles.

¿Probaremos la hipótesis?