¡Todo lo mejor que nos rodea fue creado por personas que querían ganar dinero con ello!

El dinero, en esta lógica, no «estropea la idea», sino que la convierte en un producto: la escala, la abarata, la lleva a la comodidad y la calidad.

Ahora imaginemos los polímeros.
No se «descubrieron» en un momento: se aprendió a comprenderlos y controlarlos cuando los químicos se dieron cuenta de que las largas cadenas moleculares podían diseñarse para una tarea específica.

Por supuesto, la primera aplicación masiva no fue sobre el mercado: reemplazar materiales naturales caros y escasos (hueso, seda, caucho) por una alternativa predecible, barata y reproducible, y ganar dinero a escala.