
Hace 15 años hice mi primera "lista de reproducción anual". No eran necesariamente los mejores temas, sino los que más recordaba de 2010. La llamé, con la pretenciosidad típica de mi yo de entonces, Songs You Never Heard in 2010. Vamos, ¿de verdad conocéis al grupo Half Seas Over, que tiene un solo álbum y 165 reproducciones al mes (acabo de comprobarlo)?
Un año después repetí el experimento, y al siguiente decidí que ya bastaba de hacerme el interesante y renombré mis listas anuales, que para entonces ya eran tres, de las esnob Songs You Never Heard a las simples y claras 2010 in 42 Songs y así sucesivamente. Aunque con lo de "claras" igual me precipité. ¿42? ¿Por qué 42 y no 40, 50 o "las que quepan"? Quizás no os interese, pero os lo cuento igual.
La primera lista la hice principalmente para ponerla en el coche. Nuestro coche de entonces no reproducía mp3, así que tenía que grabar la música en CD-R. Con el mítico programa Nero Burning ROM: ¿notáis cómo os duelen de repente las rodillas y queréis decir "antes todo era mejor"?
Un solo CD para el resumen del año se quedaba corto, pero dos eran perfectos. En ellos cabían exactamente 42 canciones. Y al año siguiente también 42. Fue una coincidencia, de verdad. Y decidí: 42, pues 42, más aún teniendo en cuenta que es la respuesta a la gran pregunta sobre la vida, el universo y todo lo demás.
Así nació una tradición (15 años es un periodo respetable para rituales personales). A principios de cada año creo dos listas: un borrador para la final, donde van los temas que sé con certeza que querré escuchar una y otra vez, y una lista corta donde va todo el flujo de hallazgos casuales y simpatías momentáneas. Bueno, "corta"... a final de año se acumulan varios cientos de canciones.
En enero me siento y las escucho ambas. No más de un minuto por canción para decidir si se queda conmigo o solo me gustó en el momento. Sin rodeos, sin oportunidades de "revelarse al final". O engancha de inmediato, o adiós. Cuando la lista corta se vuelve realmente corta, ya sé por dónde empezará la lista y por dónde terminará. Solo queda hacer que el camino de principio a fin se sienta como una declaración coherente, no un vertedero de buenas canciones. Dramaturgia, ya sabéis.
En realidad es más sencillo de lo que parece. Hay un conjunto de reglas simples. Cada canción debe cumplir una función: acelerar, mantener, liberar tensión o cerrar un bloque. Luego se trabaja por desarrollo o por contraste. Y no es solo "ahora toca un set de guitarras enérgico". Dos temas con el mismo tempo pueden ser absolutamente incompatibles en energía, y la energía debe acumularse o liberarse conscientemente. Timbre, arreglo, estructura de la canción (intros largos mejor no poner después de un drop) y demás, todo importa. Sí, estoy loco.
¿La lista está lista? Spoiler: no. Tomamos esas 42 canciones y las escuchamos, escuchamos, escuchamos en bucle, de principio a fin. ¿Alguna canción pasa a segundo plano o se vuelve demasiado insistente? Adiós. ¿Un enlace o transición funciona mal? Adiós. No importa si es Pulp o The Weeknd, aquí todos tienen los mismos derechos. Buscamos un reemplazo en la lista corta. Volvemos a escuchar, escuchar, escuchar. Sí, soy así. No hay salvación para este bicho.
Y ahora, mientras escucho la versión final actual por novena hora consecutiva sin que me canse ni una vez, puedo decir con seguridad: sí, este es mi 2025. Solo que mejor, porque el año fue regular, pero la lista ha quedado impecable. Bueno, eso creo. La lista corta aún no la borro, no sea que en un par de semanas necesite cambiar algo, ha pasado antes.
Y ahora vamos a esa cita del meme: yo pongo mi lista y vosotros aplaudís mi exquisito gusto. Aquí tenéis el enlace a todas las plataformas a la vez (yo uso Spotify, ahí está todo seguro): tunemymusic.com/share/0NLxeSpmj7
Si os gusta, genial. Si no, el año que viene haré la siguiente igual.
#escuchado
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