
En la ola de esta inspiración a principios de la década de 2010, surgió toda una pléyade de startups ambiciosas, la más sonada de las cuales fue Planetary Resources, respaldada por James Cameron y Larry Page. Las ideas de Lewis parecían a punto de materializarse: las empresas prometían lanzar telescopios y sondas exploradoras en cualquier momento. Sin embargo, a finales de la década, la "burbuja" estalló. Planetary Resources fue vendida a una empresa de blockchain y suspendió por completo sus proyectos geológicos (aunque hubo un aspecto positivo: toda la propiedad intelectual de la empresa fue publicada por los nuevos propietarios); Deep Space Industries pasó a estar bajo el ala de un fabricante de componentes espaciales; y el crowdfunding de Shackleton Energy, de los 1,2 millones de dólares necesarios, solo recaudó 6 mil, y la empresa desapareció sin cumplir ninguna de sus promesas públicas. La era de los románticos visionarios, que se apoyaban en el libro de Lewis, terminó al enfrentarse a la dura realidad económica y a un horizonte de recuperación demasiado largo para los inversores.
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