Creemos que la persona es más importante que el proceso. Las reglas y los procedimientos son necesarios, pero deben ayudar, no convertirse en una excusa o, hablando claramente, en una justificación. Nos esforzamos para que todo sea tranquilo y claro. Para que el horario, el servicio y la calidad de la comida, tanto para los empleados como para los huéspedes, sean predecibles, no el resultado de hazañas. Para que la cortesía sea la norma y no dependa del estado de ánimo.
Nuestra comida es simple y honesta. El menú es pequeño, sin adornos innecesarios ni alta cocina, pero cada plato está bien pensado. El café es bueno. La seguridad como en casa: controlamos fechas, temperatura, limpieza. Esto no es burocracia, es respeto mutuo.
Trabajamos de manera abierta. El equipo sabe lo que sucede, entiende los números, entiende la situación. Si nos equivocamos, no nos escondemos, sino que nos disculpamos y corregimos. Cualquiera de nosotros puede resolver el problema de un huésped en el momento, sin largas aprobaciones.
Nuestro servicio no sigue un guion. Simplemente recibir con calidez, cuidar de manera práctica, despedirse adecuadamente. Si sabemos el nombre, lo decimos. Si podemos hacer algo agradable, lo hacemos. Estos pequeños detalles significan más que cualquier promoción.
Dentro del equipo es igual. Tomamos a las personas por su carácter, no por su currículum. Lo demás lo enseñamos. La honestidad es lo primero. No nos abandonamos, no fomentamos chismes. Si alguien está pasando por un mal momento, ayudamos. Crecemos nosotros mismos y permitimos que otros crezcan.
Eso es todo, básicamente. Cada día nos esforzamos por hacerlo un poco mejor que ayer.
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