¿Alguna vez te has sorprendido a ti mismo generando nuevas ideas en conversaciones con personas cercanas? Al verbalizar eventos y hacer un «breve resumen» de ellos, se formulan nuevos conocimientos que ni siquiera habías considerado hasta que los dijiste en voz alta.

A veces noto que, al reflexionar en voz alta en respuesta a alguna pregunta, de repente comprendo algo nuevo sobre mí mismo. Como si el pensamiento hubiera estado ahí dentro todo el tiempo, pero necesitara un diálogo para salir a la superficie.

Probablemente por eso las conversaciones en vivo son tan valiosas. Ayudan no solo a escuchar al otro, sino también a escucharse a uno mismo. A nuestro inconsciente. A lo que se esconde en el flujo constante de pensamientos.

Dentro de nosotros hay muchas más respuestas de las que parece. Pero a menudo aparecen no en el silencio, sino precisamente en un contacto cómodo, cuando hay espacio para hablar, reflexionar y ser escuchado.

Y creo que por eso algunas conversaciones permanecen con nosotros durante mucho tiempo. Porque después de ellas nos entendemos mejor a nosotros mismos.

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