Recientemente, en uno de los resúmenes, me topé con una idea a la que ahora vuelvo una y otra vez. Quiero compartirla con ustedes.

Por lo general, percibimos la presión como una amenaza. Los plazos se queman, esperan algo de ti, necesitas tomar una decisión: todo esto es pesado y desagradable. Quieres exhalar y que todos te dejen en paz.

Pero aquí está el truco. La presión surge solo cuando tus decisiones significan algo y la gente cuenta contigo. La presión no es una amenaza. Es una señal de que has crecido hasta un nivel donde realmente algo depende de ti.

Y el otro lado: cuando no hay presión, cuando nadie espera nada de ti ni cuenta contigo, eso no es libertad. Solo significa que simplemente no le importas a nadie.

Así que la próxima vez que te sientas abrumado, intenta reformularlo: no «me presionan», sino «soy importante». La presión es un privilegio.