Leí sobre este concepto hace varios años y desde entonces no me deja en paz: en una empresa, los directores de departamento crearon para todos los empleados un "manual de sí mismos" — información sobre cómo discutir tareas laborales, qué les enfurece, qué es inaceptable, qué les gusta y qué les apasiona en su tiempo libre.

No he visto estos documentos en ningún otro lugar, pero cada vez que entro en un equipo o lo construyo, entiendo lo necesario que es.

Hace una semana tomé como subcontratista un enorme proyecto federal, donde en los chats hay decenas de personas, incluidos funcionarios públicos. No conozco a ninguno de ellos, no está claro quién es nuestro amigo y quién nos tiene rencor (y si acaso).

La mañana de hoy comenzó con que una pasante de la generación Z me preguntó cómo dirigirse a mí.

Si todas las personas tuvieran instrucciones sobre quién, qué, cómo dirigirse, por qué, a qué hora, qué orden de aprobación — sería más fácil. Así es más fácil conocerse, incorporarse y buscar nuevos colegas. Todo es más fácil, literalmente.

Cuando tenga tiempo, implementaré una base de conocimientos no solo sobre procesos y proyectos, sino también sobre personas.