Recientemente vino a mi consulta un joven con una carpeta llena de resultados. Estaba desesperado: «¿Por qué no está todo en orden? ¿Qué me pasa?».

Todo empezó con el deseo habitual de «revisar la salud». El paciente pidió que le recetaran «algo integral» para «estar seguro». El médico, sin querer discutir y con afán de «no pasar nada por alto», le recetó una larga lista de pruebas. Algunas eran simplemente innecesarias, y otras incluso carecían de base científica, es decir, arrojan valores aleatorios.

El resultado es ansiedad, confusión y la sensación de que «todo está mal», gastos financieros excesivos, recetas injustificadas y efectos secundarios... aunque la persona no tenía ningún problema de salud.

Esta historia no es única. Veo a estos pacientes casi todos los días. Todos queremos estar sanos, pero a veces nuestro afán de «revisarlo todo» se convierte en una trampa.

¿Por qué ocurre esto?

• Miedo a pasar algo importante por alto.

• Deseo del paciente de sentir control sobre su salud.

• Comodidad para el médico: es más fácil recetar más que explicar.

• Influencia de la publicidad y de las ofertas «en paquete» de los laboratorios.

Por eso repito una y otra vez: la mejor prueba es la que responde a una pregunta diagnóstica concreta «¿podría ser tal síndrome?» y conduce a una acción.

La publicación en Komsomólskaya Pravda se difundió ampliamente en citas. Por eso continuamos con una lista larga.

Ayuden con un repost y comentaré cada punto.

A Karasev se le olvidó preguntar