Cuando empecé a estudiar marketing y educación financiera, me topé con la película del mismo nombre.
😏 La idea es simple: atraemos aquello en lo que pensamos más a menudo, aquello en lo que creemos.
En ese entonces estaba lleno de creencias negativas, buscando constantemente confirmación en el mundo. Y cuando veía una vez más que el mundo no es perfecto, decía: ¡bingo! ¡Sabía que el mundo era así!
☀️ Recuerdo que incluso en un chat de Chipre (un lugar con 340 días soleados al año) noté las creencias negativas de un veterano del chat:
— *cualquier contexto*
— él: ¡solo que no en este planeta olvidado por todos!
Lo repetía tan a menudo, como si nuestro mundo solo estuviera yendo cuesta abajo y todos estuviéramos condenados. Y mientras tanto vivía en una isla soleada, llena de dinero, abundancia, gatos 🙂y frutas.
Atraemos lo que llevamos dentro. Que esta idea sea trillada o no, funciona.
Cuando regresé a Rusia hace un par de años, continué socializando activamente, yendo a eventos, esforzándome por hablar con desconocidos en cualquier situación, y empecé a recibir respuestas positivas.
😃 Y ya no me di cuenta de que solo me queda fijar un objetivo, y todo lo necesario aparece por sí solo.
Por supuesto, no por sí solo, simplemente me volví propenso a ver oportunidades. En eso consiste la película «El Secreto».
En cuanto empecé a pensar en mi startup de marketing y a hacer un plan para crearla, aparecieron muchos socios y personas dispuestas a ayudar. Surgieron comunidades enteras con mentores y especialistas.
🤷 ¿Qué conclusión saco?
Lo que a veces impide crecer son las creencias obsoletas y la negatividad relacionada con experiencias pasadas o con la forma habitual de actuar.
Y si estás dispuesto a dar algo al mundo, el mundo te ayudará a cambio. Y al revés, si solo quieres quitar algo a los demás, terminarás perdiendo.
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