No discutí. Porque entiendo perfectamente que muchos directivos realmente ponen el trabajo en el centro de la vida. ¡Y está bien! Para ellos.
Con el tiempo crecí, pero elegí el crecimiento horizontal, el de experto. Y en algún momento me di cuenta de que empecé a respetar más a las personas que se conocen a sí mismas y entienden lo que quieren. Incluso si no aspiran a convertirse en jefes. Porque su elección se basa en sus valores personales. Y todos son diferentes.
Al elegir el crecimiento horizontal, me basé en el desarrollo de cualidades personales y profesionales que permiten profundizar en la especialidad, en la ausencia de responsabilidad por otras personas, en la tranquilidad y la certeza, en la posibilidad de no trabajar por las noches ni los fines de semana. Porque para mí es importante mantener la estabilidad emocional (para mí, la sobrecarga es estrés, el estrés es ansiedad constante), desconectar y descansar, dedicar tiempo a mi hijo y a mis familiares, dedicarme a mis aficiones. Y estas prioridades han cambiado con la edad, el desarrollo, la situación familiar y financiera, etc. Pero puedo decir con certeza que, conociendo mis valores, es más fácil tomar decisiones en cualquier ámbito. ¿Comprar un piso? Una persona con familia, que valora la seguridad, la salud y el desarrollo de los hijos, elegirá un barrio completamente diferente a un empresario soltero que viaja constantemente y para quien vivir en el centro es más importante que tener un patio cerrado y un parque verde bajo la ventana.
Y así en todo.
#reflexiones
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