Hay situaciones en las que no puedes influir: una decisión que tomó otra persona, hechos ya ocurridos (despido, crisis, diagnóstico, ruptura), cambios globales (situación económica, clima). Y a veces reconocer que algunas cosas no dependen de nosotros da mucho miedo. La resistencia mantiene temporalmente el equilibrio interno y da una sensación de control. Pero a largo plazo, consume energía y crea una sensación de callejón sin salida. Creemos que solo estamos pensando en ello, pero para el sistema nervioso, cada uno de esos círculos mentales es estrés. Cuando toda la energía se gasta en luchar contra lo que ya no se puede cambiar, deja de alcanzar para buscar nuevas opciones y dar pasos reales.
Hay 4 reacciones ante un problema:
⭐️ resolver el problema ⭐️ cambiar tu actitud hacia él ⭐️ seguir resistiendo y sufriendo ⭐️ aceptarlo
Los eventos y hechos que no dependen de nosotros, podemos aceptarlos y cambiar nuestra actitud hacia ellos. Aceptar no significa rendirse y aguantar. Significa detener la guerra para liberar fuerzas para acciones reales.
Pregúntate qué depende de ti y qué no.
Intenta clasificar el evento en una de las categorías:
1️⃣ No está en mi poder (decisiones de otras personas, eventos ya ocurridos, el pasado)
2️⃣ Está en mi poder (mis reacciones, elección, a qué dedico tiempo y atención, qué pasos doy)
3️⃣ Parcialmente en mi poder (proyectos conjuntos, acuerdos).
A veces solo este ejercicio proporciona un gran alivio: se vuelve visible dónde realmente no se puede hacer nada y eso es un hecho.
Reformula el diálogo interno
Usa frases: "Yo no elegí esto, pero puedo elegir cómo actuar a continuación", "Esto no me gusta nada, pero ya sucedió". Esto ayuda a reconocer el hecho y determinar tus acciones/reacciones.
Pregúntate cómo quieres apoyarte a ti mismo. Y cuando la resistencia desaparezca, piensa: ¿qué te enseñó esta situación?
#esto_ayudará
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