Al parecer, se encontró la píldora mágica. Te inyectas Ozempic o Mounjaro y adelgazas sin mucho sufrimiento. No tienes apetito, no quieres picar entre horas, el peso se derrite.
¿Bonito, verdad?
No todo es tan sencillo, como se dice.
Y no es solo que este sea un medicamento para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, y muchos lo usen sin indicaciones claras.
Ni siquiera se trata de los efectos secundarios del propio medicamento, que son muchos.
Se trata de CÓMO adelgaza la persona y QUÉ pasa después.
1. Pérdida de músculo.
Si una persona tiene obesidad, perder rápidamente un 5-10% del peso corporal es una excelente estrategia para mejorar la salud. Más adelante, conviene adelgazar gradualmente.
¿Por qué?
Porque Ozempic y compañía suprimen el apetito, retrasan el vaciado gástrico y regulan el centro de saciedad.
Es decir, la persona simplemente come poco, incluyendo proteínas. Sin entrenamiento de fuerza y suficiente proteína, perderá mucho músculo junto con la grasa.
Para mujeres mayores de 40 años, esto es una pésima historia. La pérdida rápida de peso y la poca comida aumentan el riesgo de osteoporosis y fracturas. La pérdida de masa muscular también influirá.
Los músculos no solo sirven para tener un trasero firme. Son responsables de la funcionalidad del cuerpo. Menos músculo → peor coordinación y control corporal → mayor riesgo de caídas y lesiones.
2. Efecto globo desinflado.
Después de los 40, hay menos estrógenos, la piel no es tan elástica como a los 20. Si pierdes 10-20 kg de golpe, la piel tiene pocas posibilidades de reafirmarse y cuelga tristemente en la cara y el cuerpo.
Puedes empezar a ahorrar para un lifting de todo el cuerpo. Caro, doloroso y no es seguro que el resultado te guste.
3. Lo más desagradable.
Datos recientes confirman lo que era obvio: tras suspender el medicamento, hasta 2/3 del peso vuelve. Además, la tasa de aumento es mayor que después de una dieta normal o ejercicio.
Y esto no solo se ve en estudios. Pongo un ejemplo de mi práctica.
🔜Tuve clientes en seguimiento que llegaban con el problema de que recuperaban peso después de una cirugía de reducción de estómago. Parecía que, al tener menos espacio para la comida, era imposible aumentar de peso.
Pero, ay y ay.
Los viejos patrones se imponen y la persona igualmente empieza a comer en exceso.
Con esos clientes trabajábamos la base: estructurar la alimentación, trabajar los hábitos alimenticios, incorporar deporte. Y eso daba resultado: el peso empezaba a bajar y mantenerlo era mucho más fácil.
Con Ozempic pasa lo mismo. El medicamento funciona como un analgésico: mientras lo usas, hay efecto; lo dejas, el efecto se va.
Porque no trabaja las causas de la sobrealimentación, no cambia la estructura de la alimentación, no incorpora nuevos hábitos.
Tras suspenderlo, la persona vuelve a su comportamiento anterior y con él vuelve el peso.
Resulta que si no cambias nada, tienes que inyectártelo de por vida.
Esto es caro y las consecuencias a largo plazo no están bien estudiadas, especialmente para personas sin diabetes ni obesidad clínica.
Es decir, si te lo inyectas durante 10-20 años, no hay datos claros sobre qué pasará con la salud.
La conclusión aquí es tan simple que resulta pesada.
Sin una base —alimentación, hábitos, actividad física— no llegarás lejos. Puede que bajes de peso, pero mantenerlo será prácticamente imposible.
¿Te has inyectado Ozempic? ¿O quizás lo has considerado? ¿Qué opinas de él?
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