
Ya no es la primera vez que en este canal se plantea el tema de la exigencia y la dureza de los líderes, por ejemplo, al discutir la película "Whiplash" o al padre de Michael Jackson. Y cada vez me preguntaba dónde está el límite entre la exigencia y el abuso.
Y entonces encontré una investigación que lo explica.
A varios cientos de empleados se les preguntó cómo llaman a un jefe que se comporta de manera hostil (humilla, critica públicamente, devalúa).
Resultó que la etiqueta no depende del comportamiento, sino de los resultados.
Si el jefe tiene bajos indicadores, los subordinados lo llaman abusador.
Si son altos, "exigente".
Y luego viene lo más interesante. Aquellos que llamaron abusador a su jefe responden con sabotaje encubierto: ignoran las instrucciones, se encierran en el silencio, se vengan en pequeñeces. En cambio, aquellos cuyo jefe es "exigente" esperan más de su carrera.
Es decir, la señal, en realidad, no llega sobre la toxicidad, sino sobre el resultado. Mientras los números sean buenos, no hay quejas, porque la gente sinceramente ha renombrado lo que sucede en su cabeza. La toxicidad aparece exactamente en el momento en que la persona deja de dar resultados. Y entonces la despiden. Formalmente por comportamiento, en realidad por no cumplir el plan.
Ahora está claro por qué Steve Jobs es un líder exigente y el abusador eres tú.
Parece que en las relaciones personales funciona más o menos igual.
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