Ayer una alumna mía preguntó:
«¿Vamos a abrir los chakras?»
Y pensé que es un buen momento para compartir cómo veo yo este tema y para qué puede ser útil el sistema de chakras, no como un hecho místico, sino como un mapa claro para el autoconocimiento 🤍

En las tradiciones orientales, los chakras se describen como «centros» o niveles de nuestra experiencia, no solo física, sino también emocional, mental y motivacional. Están ubicados a lo largo de la columna vertebral y cada uno se asocia tradicionalmente con ciertos temas de la vida: sensación de seguridad, emociones, autoestima, conexión con los demás, expresión personal, intuición y un sentido más amplio del significado de la vida.

Algo importante: los chakras no son un hecho científico, no son estructuras anatómicas que se puedan ver en una resonancia magnética o en una ecografía. Son más bien un modelo metafórico, una forma de describir diferentes aspectos de nuestra psique, comportamiento y experiencia interna. Como, por ejemplo, los psicólogos usan conceptos como «necesidades básicas», «consciente e inconsciente» o «sistema de creencias»: no se refieren a neuronas específicas, sino a cómo se puede estructurar la compleja experiencia de la vida.


Desde este punto de vista, los chakras no son «vórtices energéticos que hay que abrir» por el simple hecho de hacerlo.
Son una forma de observar dónde tenemos patrones estables, qué es importante para nosotros en esta vida, qué necesidades no están satisfechas, qué cualidades vale la pena desarrollar.

Aquí hay un ejemplo sencillo:
si una persona se preocupa constantemente por la seguridad, siente ansiedad e «inestabilidad», puede trabajar con el tema de la raíz. Esto puede manifestarse en fortalecer el soporte del cuerpo, la confianza en sus límites, la estabilidad en las actividades cotidianas;
si una persona da mucho pero no recibe apoyo, el tema del corazón o la expresión puede ser importante para la reflexión y la práctica.

Es decir, los chakras no son un poder mágico, sino un mapa lógico y metafórico que ayuda a comprenderse mejor a uno mismo como un sistema integral: cuerpo, emociones, motivaciones, deseos, formas de interactuar con el mundo. Es una forma de ver la vida de manera holística, no fragmentada.

Por eso en el yoga los chakras se utilizan como una herramienta de autoobservación, no como algo místico: ayudan a entender dónde vivimos en tensión, dónde nos contraemos, dónde damos demasiado y dónde, por el contrario, no notamos nuestras necesidades.

El yoga influye en el cuerpo, el estado emocional y el pensamiento. Cuando estos niveles comienzan a trabajar de manera coordinada, en el lenguaje simbólico del yoga se puede llamar armonización de los chakras.

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