«Juntos somos fuertes»? ¡Pues no!
En realidad, cuantas más personas hay en un grupo, menor es la contribución de cada participante individual. Esto no es una opinión, sino un hecho científico llamado «Efecto Ringelmann».
Ya en la década de 1920, el profesor francés Maximilien Ringelmann midió la eficiencia de las personas en equipo.
¿En qué consiste?
Ringelmann pidió a las personas que realizaran una tarea física simple: tirar de una cuerda. Primero individualmente, y luego en grupos de diferentes tamaños. A cada aparato le colocó un dinamómetro para medir con precisión la fuerza aplicada.
Resultados
Cuando una persona tiraba de la cuerda, se esforzaba al 100%. Lógicamente, se esperaría que dos personas mostraran el 200% y ocho el 800%.
Pero la realidad fue diferente:
1 persona = 100% del esfuerzo
2 personas = 93% de la suma esperada
3 personas = 85%
8 personas = ¡solo el 49%!
¿Cómo funcionaba esto?
Ringelmann identificó dos factores clave:
— Pereza social: En la multitud nace la confianza de que se puede «holgazanear»: tu contribución no será notada de todos modos. Funciona el principio de «liebre en la multitud».
— Pérdida de coordinación: En un grupo grande, las personas comienzan a tirar en momentos ligeramente diferentes y en direcciones distintas. Surge el caos y la eficiencia del equipo disminuye.
Conclusión
El aumento de productividad al incrementar el grupo es inversamente proporcional a su tamaño.
En pocas palabras, es más rápido hacer el trabajo con 2-3 personas polivalentes que reunir un equipo completo. La fuerza total de un equipo grande resultará ser una ilusión.
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