A menudo, cuando creamos un producto, queremos hacer lo que nos parece la solución perfecta

Lo mejor

Atiborrar el servicio/aplicación/bot con todo lo que se pueda

Hacer la mejor solución al problema

Súper tecnológico
Súper valioso

Y entonces nos parece que hemos creado un milagro

Lo lanzamos y...

Los usuarios, si acaso, usan el 5% de todo lo que hemos añadido

O ni siquiera usan el producto

En mi opinión, esto sucede porque el usuario no siempre elige lo mejor

Casi siempre elige lo simple, cómodo y comprensible

Donde no hay que pensar

Cuando entras, haces clic y obtienes lo que necesitas

Y no cuando te sientas a descifrar con el pensamiento «¡joder, cómo está organizado todo aquí!»

Porque nos parece lógico que cuanto más genial, mejor

Pero en realidad, para el usuario el servicio parece complicado y no ve el valor en él

Hagan soluciones simples, intuitivas y cómodas

No súper geniales y recargadas

¿Qué sentido tiene añadir de todo, atiborrar de funciones si el usuario de todas formas no las usa?

Es como con la comida

Sí, claro que apetece ir a un restaurante de alta cocina y comer allí cuernos de ciervo a la parrilla bañados en lágrimas de erizo dorado

Pero en realidad, cuando tienes hambre y necesitas comer urgentemente, te zampas un shawarma o una hamburguesa cerca del metro

Simplemente porque es simple, comprensible y rápido

Lo mismo con las aplicaciones

Háganlas cómodas y aplicables en la vida real, no de alta tecnología pero inútiles

Lo clave: la solución no debe ser la mejor

Debe ser simple, comprensible y cómoda

¿Para qué añadir a la aplicación un montón de cosas que el usuario no usa?

Mejor hacer una sola cosa, pero que resuelva el problema rápido y sin acciones innecesarias

Porque el usuario no paga por lo «genial»

Sino por lo fácil que obtiene el resultado deseado

¿Y ustedes, por la simplicidad o por las funciones?