▪️Avdotia sabe todo sobre las calorías. Está al tanto del déficit, los macronutrientes e incluso puede dar una conferencia sobre el metabolismo. Pero cuando necesita meterse en su vestido favorito, deja la lógica de lado. Avdotia elige ayunar con kéfir y trigo sarraceno y caminar 20 mil pasos al día hasta caer rendida de cansancio.

Se tortura profesionalmente durante una semana, pierde 3 kg de agua, y luego todo vuelve a la normalidad. Atracón, culpa, y Avdotia está de vuelta donde empezó. Solo que ahora además con la sensación de que es «una inútil sin voluntad».

▪️Agafia es una mujer exitosa, acostumbrada a resolver problemas rápidamente.

Decidió ponerse en forma y se lanzó de cabeza al estilo de vida saludable. Por las mañanas corre. En el desayuno, comida y cena, nada superfluo, solo comida saludable. Por las tardes se escapa al gimnasio. Entrena como si mañana hubiera una Olimpiada.

Aguanta un par de semanas. Luego se acaban los recursos, el sistema nervioso dice «adiós».

«Me importa un bledo este autocuidado», piensa Agafia. Y con razón: para ella es toda una hazaña para la que no tiene fuerzas.

▪️Y luego está Antonina. Ella empieza una nueva vida el lunes. Su familia también, aunque ellos no se apuntaron a eso.

Ahora su marido recibe pechuga de pollo al vapor y brócoli en lugar de empanadillas, y a los niños les dan bastones de zanahoria en vez de galletas. ¿Y cómo si no? La nueva vida es así: para que ella no recaiga y adelgace más rápido, hay que limpiar todo el espacio.

Antonina gasta una cantidad enorme de energía discutiendo con su marido, enfurecido por la comida al vapor, y convenciendo a los niños de que los bastones de zanahoria no son peores que los caramelos.

A la semana, el marido empieza a comer shawarma a escondidas en el coche, los niños se rebelan, y la propia Antonina se cansa de ser una mártir santa. Las empanadillas y los caramelos vuelven a casa, el sistema se derrumba, y con él la «nueva vida».

Todo lo anterior son ilustraciones del deseo de resultados rápidos.

Ese deseo es lo que impulsa a asumir más de lo que se puede soportar. Porque parece que cuanto más te esfuerzas, más rápido llegas al resultado (no).

Por eso no esperas los primeros resultados y abandonas. De ahí surge la historia de «lo he probado todo, nada funciona».

La clave del éxito está en la regularidad, no en la cantidad de esfuerzo.

Adelgazar no ocurre en una semana, se necesitan acciones regulares y constantes.

No te mientas diciendo que vas a correr por las mañanas o hacer ejercicio cada mañana desde ahora y para siempre. No lo harás. Y la decepción por las expectativas incumplidas te golpeará al 100%.

¿Qué hacer en su lugar?
Elegir pasos alcanzables.

Que al principio sean cinco minutos de ejercicio a la semana. Cinco minutos de ejercicio hechos son mejores que una hora de carrera no realizada.

En el club «Salió solo» nos dedicamos precisamente a eso.
Tomamos tareas tan pequeñas que seguro tengas fuerzas para ellas, incluso si el trabajo está alborotado y los niños te tienen de cabeza.

Por ejemplo, hoy una participante escribió al final del mes dedicado al sueño: «Empecé a dormir mejor. Hacía tiempo que quería regular mi rutina, y ese bloque enorme por fin se movió del punto muerto».

En el club trabajamos el sueño, la alimentación y la incorporación de actividad física.

Cuando la acción es factible, no la abandonas a los tres días. Sigues haciéndola a la semana y al mes. Esa continuidad es la que da resultados, no los esfuerzos espasmódicos y las hazañas heroicas.

Si sientes que ya no puedes aguantar con prohibiciones y fuerza de voluntad, pero quieres adelgazar, ven al club.

Puedes adquirir acceso por tres meses o seis meses. Haz clic en el enlace, para leer los detalles y comprar el acceso.

Ya en tres meses puedes ver los primeros resultados en la báscula y comprobar que se puede adelgazar sin violencia contra uno mismo.