Recientemente leí un post de Sasha Isakov sobre el papel del experto en un equipo y decidí compartir mi reflexión.

Un buen experto suele ser incómodo: hace preguntas cuando ya quieres empezar, pide cifras cuando todo parece obvio, y recuerda los riesgos cuando el equipo está entusiasmado con la idea. Desde fuera parece que está frenando el proceso a propósito.

Con el tiempo me di cuenta: es mucho más peligroso cuando no hay una persona así en el equipo. Las decisiones se toman rápido, las reuniones terminan antes, las tareas se ponen en marcha, y unos meses después resulta que el equipo se movía muy eficientemente en la dirección equivocada.

El experto no solo es necesario por sus conocimientos. Él crea resistencia donde la velocidad empieza a desplazar a la calidad, y gracias a su experiencia, antes que otros nota a dónde puede llevar una solución cruda. En su post, Sasha dio una excelente analogía futbolística: el tech lead es un entrenador jugador, y el experto es un delantero al que no se le pide entrenar a otros, porque su trabajo es marcar goles que nadie más puede.

Esa libertad de los procesos le permite notar lo que se le escapa al tech lead ocupado: por ejemplo, que el junior ya lleva tiempo atascado en la arquitectura y está haciendo parches, aunque los tickets se cierren.

Especialmente se necesita un Individual Contributor no en un equipo débil, sino en uno fuerte. El débil puede no saber qué hacer. El fuerte normalmente sabe demasiadas formas y sabe justificar cada una de manera convincente. En esa situación, el experto no muestra el único camino correcto, sino que nota a tiempo que en la ruta elegida no hay puente.

A veces una sola parada así ahorra meses de desarrollo.